martes, 19 de septiembre de 2017

Celebraciones


  1. Don José Nicanor de las Mercedes Ochoa Pinto Morillo, nació el 19 de Febrero de 1868 en la población de Miranda, Estado Carabobo y murió el 17 de Mayo de 1957, a los 89 años de edad.
  2. Don Juan de tabaco (Juan Bautista Campos) 15 de octubre
  3. Don Toribio Montañés: 14 diciembre 1845.
  4. La Negra Tomasa: 15 De agosto
  5. La Negra Francisca Martínez: 30 De agosto
  6. Francisca Chavez 26 de agosto
  7. Negro Macario 28 de agosto
  8. Francisca Duarte: 20 De febrero
  9. José Gregorio Hernández: 26 De octubre De 1864

martes, 22 de agosto de 2017

Cultura Tatuy

Caribay y Tibisay


La Cultura indígena Tatuy pobló antiguamente lo que es hoy la Entidad Federal del territorio merideño. Fue invadida por Juan Rodríguez Suárez en su expedición a las Sierras Nevadas el 9 de octubre de 1558, fecha de la fundación hispana de la ciudad de Mérida. Posee un remotísimo origen, pues TATUY significa precisamente “lo más antiguo”. De ahí viene la pal abra TAITA, es decir PADRE o ABUELO que es el concepto que ellos tenían de si mismos respecto a los demás indígenas de América.

Tenían un sistema de numeración decimal y un calendario, nombrado en su lengua QUIBARIO o PIEDRA PARA MEDIR EL TIEMPO, que representa un año de 360 días. El Calendario o “Quibario” Tatuy, como en sus ancestros asípudo nombrarse, es una pequeña piedra que en su cara anterior lleva marcados 36 circuliilos que representan meses de igual número de días y año de 360 días. Viene a ser el punto de contacto entre las culturas prehispánicas del Norte (Azteca y Maya) y las culturas prehispanicas del Sur (Inca). El “Quibario Tatuy” es, pues, una piedra o “quiba” que el pueblo Tatuy empleaba para contar o medir el tiempo.

Del mestizaje de los tatuyes y conquistadores europeos surgió nuestra raza actual. De ahí procedemos los meridenos actuales.

Costumbres.

Vivían formando caseríos regidos por el padre de la familia principal de cada región, y a veces, por excepción, lo podía desempeñar igualmente algún guerrero famoso por su inteligencia y valentía. Los matrimonios eran endogamos, es decir, se realizaban entre individuos de la misma tribu. Su alimentación era eminentemente vegetariana y la complementaban a base de pescado. Ocasionalmente consumían carne de aves y animales de monte, asi como de curies que criaban Junto a pavos domésticos. El maiz era la fuente principal de la dieta diaria. Vivían en casas o bohíos. Su vestido principal era la manta y esto por razones climáticas. Como útiles de uso doméstico podemos citar: petacas, canastas, tinajas, mucuras, budares, chorotes, totumas, carnazas y jicaras. Sus adornos consistían en águilas de oro u otros materiales, collares de quiripa (pequeñísimos discos fabricados con conchas que poseían un hueco central), piedras talladas, huesecillos, semillas vegetales y ilautos o penachos de plumas de diversos colores. Sus instrumentos musicales consistían principalmente en chirimías, guaruras, quenas, flautas, tambores y maracas.

Agricultura.

Entre los pueblos indígenas de América que tuvieron una economía propia basada principalmente en la agricultura se destaca el de raza Tatuy. El conuco constituía el centro de dicha actividad y en relación a ella desarrollaron importantes técnicas agrícolas, consistentes principalmente en andenes o catafós, esto es, terrazas de cultivo; también poseían silos para el almacenamiento de frutos. Dichos silos se denominaban mintoyes que servían al mismo tempo de sepulturas. Para el regadío se valían de estanques artificiales que ellos nombraban chimpúes o quimpúes, asi como de numerosas acequias para conducir el agua a sus barbechos y conucos. La recolección de sus cosechas era por medio de convites que llamaban callapos. Predominaba entre ellos el trabajo comunitario.
Los principales cultivos de los aborígenes del pueblo Tatuy fueron: Maíz, papa, frijol, batata, arracacha o apio americano, cacao, curas o aguacates, chuñes, auyamas, chirimoyas, curabas, guanábanas, guayabas, papayas, ajíes, achiote, parchita, chayota, juquián y tabaco. Posteriormente, a la llegada de los españoles, se introdujeron otros cultivos como el de la yuca dulce, café (planta originaria de Etiopia), trigo (cereal procedente de Mesopotamia), arveja (leguminosa del Sur del Caucase), cambur (proveniente del África) y caña de azúcar (gramínea del Sudeste de Asia).

Productos y Comercio.

Los principales productos del pueblo Tatuy fueron: Urao, chimó, cerámica (mucuras, chíriguas o chirguas, tínajas, budares, chorotes), cestería (canastos, petacas), tejidos (mantas, cabuyas, mañizas, chácaras, costales).

Tuvieron una gran actividad comercial, tanto entre ellos mismos como con las tribus de la costa sur del Lago de Maracaibo y los aborígenes de las llanuras de Barinas y Apure. De unos y otros, a trueque por productos agrícolas, principalmente maíz y papa, obtenían sal, pescado, píeles, carnes desecadas, venenos vegetales, flechas, mañoco, guayucos y adornos. Utilizaban como monedas águilas de oro o de otros materiales, sartas de quiripa, collares de cornalinas, ovillos de algodón hilado, urao y cacao.

Los aborígenes del Estado Mérida probablemente tenían conocimiento desde muy antiguo de las minas de cobre de Bailadores, y es casi seguro que llegaron a explotar las minas de oro y sal existentes en Aricagua, Municipio del Distrito Libertador. De éstas dos últimas existen testimonios escritos que confirman su existencia.

Mitologia y Religion.

Eran politeístas. Adoraban al Sol y a la Luna y creían en un Ser Supremo que denominaban Ches. Al igual que en las grandes religiones americanas, dividían a sus dioses en machos y hembras, en buenos y malos. Tenían diversas fiestas religiosas como la del “Maíz Nuevo” y “La Bajada del Ches”. A veces practicaban sacrificios humanos como en la Laguna de Urao al dios de las aguas o en el “Cerro de la Guaricha” de Pueblo Llano al dios sol. Sus sacerdotes se llamaban Mohanes o Mojanes y eran a la vez adivinos y curanderos. Especial culto rendían a la Serpiente que en su lengua llamaban “Tata-Cuá” que traducido literalmente quiere decir “Madre Culebra”.

Sus prácticas curativas estaban asociadas a las funciones religiosas y mágicas de sus sacerdotes o Mohanes. Eran expertos en la preparación de bebedizos a base de hierbas medicinales, cuyas virtudes curativas conocían a perfección. Poseían conocimientos ancestrales para reducir las lujaciones y provocar la soldadura de los huesos rotos, logrando en otros casos curaciones que hoy día sorprenderían.

Creían en un diluvio universal.Sobre el origen de las lagunas se cuenta que un día salieron de la laguna de Santo Domingo un hombre y una mujer con un cántaro. A medida que llegaban a un sitio de la Cordillera dejaban caer gotas de agua que se convertían en lagunas, hasta llegar a Lagunillas, sitio que escogieron para fundar la raza, en donde el cántaro se rompió y ellos desaparecieron dejando la población y la laguna más grande. También se habla entre ellos de la existencia de un lugar encantado poseedor de maravillosas riquezas, con mucuras y pailas repletas de oro, hombres, patos y animales del mismo metal. Probablemente lo que los españoles llamaron El Dorado. Don Tulio Febres Cordero logró rescatar los siguientes mitos:
-El de Las Cinco Águilas Blancas.
-La Leyenda del Díctamo.
-El origen de la Laguna de Urao.
-La Hechicera de Mérida.

Personajes.

CARIBAY: Personaje mitológico. Se dice que fue la primera mujer entre los indios Mirripuyes que habitaban la región donde están hoy situados los pueblos de El Morro y Acequias. Caríbay era el genio de los bosques aromáticos, hija del ardiente Zuhé y la pálida Chía. Aparece en el mito “Las Cinco Águilas Blancas” de Don Tulio Febres Cordero.

MISINTA: Cacique de los indios Mucuchies, bajo cuyas órdenes se levantaron en anuas contra los españoles, según relato de Don Tulio Pebres Cordero en su leyenda sobre el origen de la Laguna de Urao de Lagunillas.

MISTAJA: Preciosa doncella india que, inconsolable por la proximidad de la muerte de su reina, sube en secreto al Páramo de los Sacrificios y ofrenda una joya de oro macizo en figura de águila al poderoso Ches para implorar sus favores. Efectivamente es oída por el Ches y, como si despertara de un sueño, consigue, a cambio de la ofrenda, verse rodeada de una planta fresca y aromática, cuyos secretos curativos le son revelados. Toma algunos manojos de aquella prodigiosa yerba y desciende del Páramo de los Sacrificios para presentarse ante su soberana agonizante. Esta recibe la planta como una medicina del cielo y cura inmediatamente. Era la yerba de los dioses nombrada Cumarina por los indios y que de alli en adelante, en razón de esta leyenda, pasó a denominarse díctamo real. De este relato se ocupa también Don Tulio Pebres Cordero en sus famosos “Mitos de Los Andes”.

MURACHÍ: Ágil y valeroso guerrero. Primer caudillo de las Sierras Nevadas. Apasionado amante de la princesa Tibisay. Figura en la leyenda “La Hechicera de Mérida” de Don Tulio Febres Cordero. Según dicho relato Murachi muere en combate bajo el casco de los fieros caballos del conquistador.

TIBISAY: Hermosa princesa de los indios de la Sierra. Para ella eran los mejores lienzos del Mirripuy, el oro más fino de Aricagua y el plumaje del ave más rara de la montaña. Fue el gran amor del altivo y valeroso Murachi. Su belleza era tan grande y deslumbrante que los españoles la llamaron “La Hechicera”, tal como hoy se sigue nombrando en su recuerdo el valle que queda al pie del Monte Zerpa y que es lugar de cita para la juventud venezolana que cursa estudios en nuestra ilustre Universidad de Los Andes. Tibisay es el personaje central de la leyenda que por tal razón Don Tulio Febres Cordero tituló precisamente “La Hechicera de Mérida”.

TAMANAYRE: Gentil y noble cacique que residía en La Punta, a donde fue trasladada la ciudad de Mérida por el Capitán Juan Rodríguez Suárez el 1° de noviembre de 1558, después de haberla fundado el 9 de octubre de ese mismo año en la población de San Juan, antiguo territorio de los Mucuúnes. Tamanayre es un personaje que tiene mucho que ver con el proceso histórico de nuestra actual Ciudad de los Caballeros, ya que en sus predios tuvo ésta su verdadero origen.

YOAMA: La Venus de los indios de Jamuén y Mucuún de Lagunillas. Nombre dado por éstos a la Laguna de Urao que aun existe en homenaje a su diosa de la belleza.

Lengua.

Hablaban la lengua Mucu. Muchos de los nombres geográficos del Estado Mérida llevan esta radical: Mucuchies, Mucurubá, Mucutuy, Mucuchachí, Mucujepe, Mucujún, Mucubaji. No es correcto identificar los nombres indígenas de cada sitio, tomados a su vez como los nombres de cada tribu, con un dialecto o lengua particular. La presencia tan marcada de la radical “Mucu” en la toponimia indígena de esta región es un claro indicio de que hablaban una sola lengua ya identificada anteriormente, la cual tenia predominio sobre algunos dialectos extraños de procedencia Giro, Motilón, Guajiro o Cuica.

Mucunimia. (Nombres en Lengua Mucu)

La mayoría de los nombres geográficos del Estado Mérida son de procedencia indígena. En el trabajo del que es una síntesis este compendio se registraron 392 topónimos en lengua Mucu y 132 vocablos que se refieren a cosas, animales y plantas de uso actual en el habla de esta región. En muchos casos hubo intentos de sustituir los nombres indígenas por nombres españoles. Es el caso del río principal del Estado que los españoles llamaron Guadiana. Sin embargo, prevaleció la designación indígena y por eso se le dice Chama. Se da el caso también que por Ley de División Territorial de 1904 se creó la Parroquia Libertad del Distrito Libertador cuya capital se llamaba también Libertad. La reacción de sus habitantes no se hizo esperar en el sentido de que le fuera devuelto el nombre aborigen a dicha población. Y por ese motivo, la Asamblea Legislativa del Estado Mérida por Decreto del 25 de abril de 1977 restituyó dicho nombre quedando el de Municipio Canagua, Capital Canagua, Distrito Arzobispo Chacón. Son hechos que confirman la fuerza ancestral de un lenguaje perdido en la noche de los tiempos idos.

Terminologías.

Mirripuyes: Parcialidad Tatuy que habitaba la región de los pueblos de El Morro y Acequias.
Zuhé:Sol.
Chía:Luna.
Ches:El Dios del pueblo Tatuy.
Urao:Mineral Sesquicarbonato de soda hidratada. Los indios lo usaban y aún se usa para fabricar chimó. Se extrae de la laguna que existe en la población de Lagunillas y que unos llaman “Laguna de Urao” y otros “Yoama”.

Vocabulario.

La siguiente lista de palabras tiene su origen en la lengua Mucu de la Cultura Tatuy. Citamos sólo las más conocidas:
Achiote: Bixa Orellana. Onoto.
Ajiaco: Alimento preparado con arveja cocinada y aliñada con auyama, chayota, berenjena, papa.
Arracacha: Apio americano.
Budare: Tiesto hecho de barro cocido en forma circular que sirve para asar arepas.
Bura: Maíz.
Cariaco: Maíz de color violeta oscuro.
Catabre: Cesta de caña con tapa y cargador de cabuya.
Corozo: Palma.
Cuca: Cajeta para guardar chuñó. En un comienzo se fabricaron de calabacitas o jicaras, fruto del Crecentía cujete, vasija o depósito al que adosaban una tapa del mismo fruto, a veces artísticamente labradas. Posteriormente se hicieron con cachos de res. Estas calabacitas o envases se llaman CUCAS -como aún hoy se les sigue diciendo, de cuca, nombre dado a la coca en idioma quichua del Perú, ya que originalmente antes del uso o aparición del chimó se emplearon para depositar la coca que nuestros indios llamaban hayo.
Cucay: Vasija rústica construida con el vacio fruto de una cucurbitácea o tapara grande a la que se adosa una cubierta o tapa del mismo fruto y tres cabuyas delgadas para colgar dicho envase. Se emplea como depósito para sal, café molido, etc.
Cuchute: Alimento en forma de sopa preparado con arveja tostada y molida. Antiguamente se le decía chungute.
Curo: Aguacate.
Curuba: Planta trepadora. Sus frutos sirven para hacer refrescos.
Chacara: Bolsa de cuero.
Chaguar: Rozar.
Chagüe: Roza, tala, labranza.
Chimó: Sustancia negra glutinosa hecha del extracto de tabaco llamado moó mezclado con urao, a veces también con ceniza, salitre, etc.
Chirasté: Antiguo baile religioso de los indios Mucuchies para impetrar a la diosa de la lluvia, agua para sus sementeras.
Chiba: Aparejo o red hecha de cabuya o cuero para cargar verduras, maíz, etc. Chorote: Bebida hecha de cacao recocido al que se le ha quitado la manteca. Nombre de la vasija de barro en que se cuece el cacao para hacer dicha preparación.
Escotero: Suelto, sin carga.
Gocho: Animal que tiene los cuernos u orejas hacia abajo. Despectivo aplicado a los habitantes de Mérida y de los Andes venezolanos en general.
Hayo:Nombre de la coca entre los indios de Mérida.
Laucha:Pez de agua dulce que se encuentra en quebradas y arroyos de tierra fría.
Maitín: Nombre del matapalo en Mérida.
Mucura:Vasija de barro. Cántaro, ánfora.
Piche:Podrido, descompuesto. Dicese principalmente de lascomidas.
Pichero:Encurtido, ajicero.
Pichirre:Agarrado, mezquino.
Pichoso:Sucio.
Quinchoncho:Leguminosa:
Surrucucú: Lechuza, buho.
Tarabita:Aparejo de cuerdas para pasar ríos caudalosos.
Tisurí:Frijol pequeño de cultivo.
Topia:Cada una de las piedras con que se hace un fogón de leña. Generalmente tres topias sirven para soporte de las vasijas en dicho fogones o cocinas.
Tusa:Astil de maíz

lunes, 21 de agosto de 2017

La Leyenda de los Duendes Momoy



Los Momoyes son unos duendes del folklore venezolano, habitantes de la zona andina desde tiempos precolombinos. Los Momoyes son descritos como pequeños hombrecitos de unos 40 cm de altura. Pueden estar vestidos a la manera india, ayudándose a caminar con un bastón. Habitan las zonas de Mérida y Trujillo, especialmente en lagunas y ríos. Se las describe como criaturas benignas, traviesas, y defensoras del medio ambiente.

Por su carácter de duendes protectores de las sementeras, la agricultura y el medio ambiente en general, se cuentan anécdotas acerca de las airadas reacciones que los Momoyes pueden tener hacia aquellos visitantes de la selva que dejan sus desperdicios contaminantes en forma desaprensiva.

A los Momoyes les gusta hacer víctimas a los viajeros de sus bromas pesadas, las cuales generalmente no son más terribles que el esconderles o extraviarles alguno de sus enseres domésticos. Por lo demás, su presencia es percibida por todo tipo de actividades, como por ejemplo cantando, silbando, etc. De todos modos, si los viajeros no quieren ser molestados por los Momoyes, les bastaría con ignorarlos, actitud que no podrían soportar.Si hay algo que caracteriza a las montañas andinas, además de su belleza y verdor, es aquel aire de misterio que encierran entre sus hermosos paisajes y reservados habitantes.

Leyenda de la Limosna del Rey Manaure



En la antigua provincia de Coro, hoy estado Falcón, existía un poderoso cacique que hasta el presente recuerdan los nativos con el nombre de “Rey Manaure”. Según los historiadores, este caudillo de los caquetíos era muy leal, generoso y esplendido para sus vasallos.

Fue un gran amigo y aliado de Juan de Ampíes y sus españoles, mas esta alianza duró poco. La provincia de Coro pasó a ser gobernada por los wélzares, compañía alemana que se distinguió por los abusos que cometía con los indígenas, y el “Rey Manaure” tuvo que huir llevándose consigo todos sus tesoros.

En una lujosa tarima y llevando en hombros por los señores de la tribu, el jefe de aquellos pueblos aborígenes atravesó llanuras, ríos, cerros y extensos cardonales, pero en su fuga, temiendo ser alcanzado por los alemanes, arrojó todas sus riquezas en las aguas termales de La Cuiba, aguas de variados colores y que tienen la propiedad de saltar a una gran altura a la menor vibración del aire.

Una viejecita de origen caquetío, que desde su infancia conservaba fe ciega con respecto a la generosidad del “Rey Manaure”, se encontraba en la mayor miseria y por eso acudió a  la Cuiba, donde se dice que vaga el espíritu del gran cacique. Allí rogó al ánima del caudillo de sus antepasados que le otorgara una limosna por el amor de Dios.

Al llegar a Los Pozos del Saladillo, que es otro de los nombres de La Cuiba, golpeó por tres veces con un pequeño machete que llevaba en la mano, el peñasco que da origen a unas de las muchas de aquellas vertientes de las aguas termales, y dijo:

-Rey Manaure, dame mi limosnita…

Al pronunciar estas palabras, las aguas de aquellos manantiales saltaron a gran altura luciendo los más variados colores. Grande fue el susto de la mujer cuando vio que caía a sus pies, dispuesta al
ataque, una culebra de color amarillo intenso que le observaba con sus pupilas de fuego.

La anciana, asustada ante la amenaza del reptil, sin saber lo que hacía le descargó con el machete que tenía en la mano un golpe mortal. Cuando recobró la serenidad, observó que en vez de la peligrosa sierpe se hallaban en el suelo dos limpias barritas de oro.

Leyenda de la cara del Indio en Mérida



Hace muchos siglos, en donde hoy existe Mérida, cuando no habían moradores en el mundo, los “Encantos Padres”, Zuhé y Chía, Sol y Luna, crearon a sus “Encantos Hijos” para que fuesen los guardianes de los páramos andinos, de sus lagunas y espigadas montaña, del perfecto mundo que el “Ches” (Dios) había fundado. Todo comenzó en la laguna Chimpú Chirú (Laguna Las Iglesias), entre los páramos Los Conejos y Los Leones, donde los “Encantos Hijos”, hombre y mujer, indio e india, amado y amada, hechos a imagen y semejanza de sus padres y con iguales facultades universales, pusieron sobre la Tierra a los primeros hombres en la región, que luego bajarían a formar el pueblo en donde hoy está situada la meseta de Mérida. A diferencia de la mitología cristiana, donde los “elegidos” suben al Cielo, los padres creadores están debajo de la tierra. Cuenta la leyenda que Sol y Luna, progenitores supremos, guiaban a su pueblo en las actividades agrícolas y artesanales bajo la cual se sostenía la comunidad.

El hombre, aunque mortal e imperfecto, vivía en constante comunicación con sus creadores. La vida era tranquila, las faenas diarias se desarrollaban en armonía con la naturaleza, había respeto hacia los semejantes y aún más a las palabras de los ancestros y su cultura. Pero los “Encantos Hijos” fueron separados debido a las iniquidades humanas y así permaneces, acostados uno frente al otro, con la ciudad de Mérida en el medio. El desenlace de la leyenda es apocalíptico, dice que cuando los “Encantos Hijos”, indio e india, se vuelvan a unir se producirá el hundimiento de la meseta de Mérida. Mucho antes, los indios Tatuy vaticinaron un escenario apocalíptico, y de cierta forma ocurrió porque se produjo la llegada de los conquistadores. Esta es la leyenda hermosa, la mitología de Los Andes soñados por Tulio Febres Cordero. Esta es la leyenda basada en los mitos de Caribay, Tibisay y Carú y todos los personajes de ensueño que engalanan esta hermosa tierra. ¡Saludos!

Leyenda de las Cinco Águilas Blancas de Tulio Febres Cordero



Cinco águilas blancas volaban un día por el azul del firmamento; cinco águilas blancas enormes, cuyos cuerpos resplandecientes producían sombras errantes sobre los cerros y montañas.

¿Venían del Norte? ¿Venían del Sur? La tradición indígena sólo dice que las cinco águilas blancas vinieron del cielo estrellado en una época muy remota.

Eran aquellos días de Caribay, el genio de los bosques aromáticos, primera mujer entre los indios Mirripuyes, habitantes de Ande empinado.

Era la hija del ardiente Zuhé y la pálida Chía; remedaba el canto de los pájaros, corría ligera sobre el césped como el agua cristalina, y jugaba como el viento con las flores y los árboles.

Caribay vio volar por el cielo las enormes águilas blancas, cuyas plumas brillaban a la luz del sol como láminas de plata, y quiso adornar su coraza con tan raro y espléndido plumaje. Corrió son descanso tras las sombras errantes que las aves dibujaban en el suelo; salvó los profundos valles; subió a un monte y otro monte; llegó, al fin, fatigada a la cumbre solitaria de las montañas andinas. Las pampas, lejanas e inmensas, se divisaban por un lado; y por el otro, una escala ciclópea, jaspeaba de gris y esmeralda, la escala que formaban los montes, iba por onda azul del Coquivacoa.

Las águilas blancas se levantaron, perpendicularmente sobre aquella altura hasta perderse en el espacio. No se dibujaron más sus sombras sobre la tierra.

Entonces Caribay pasó de un risco a otro por las escarpadas sierras, regando el suelo con sus lagrimas. Invoco a Zuhé, el astro rey, y el viento se llevó sus voces. Las águilas se habían perdido de vista, y el sol se hundía ya en el Ocaso.

Aterida de frío, volvió sus ojos al Oriente, e invocó a Chía, la pálida luna; y al punto detúvose el viento para hacer silencio. Brillaron las estrellas, y un vago resplandor en forma de semicírculo se dibujó en el horizonte.

Caribay rompió el augusto silencio de los páramos con un grito de admiración. La luna habia aparecido, y en torno de ella volaban las cinco águilas blancas refulgentes y fantásticas. Y en tanto que las águilas descendían majestuosamente, el genio de los bosques aromáticos, la india mitológica de los Andes moduló dulcemente sobre la altura su selvático cantar.

Las misteriosas aves revolotearon por encima de las crestas desnudas de la cordillera, y se sentaron al fin, cada una sobre un risco, clavando sus garras en la viva roca; y se quedaron inmóviles, silenciosas, con las cabezas vueltas hacia el Norte, extendidas las gigantescas alas en actitud de remontarse nuevamente al firmamento azul.

Caribay quería adornar su coroza con aquel plumaje raro y espléndido, y corrió hacia ellas para arrancarles las codiciadas plumas, pero un frío glacial entumeció sus manos: las águilas estaban petrificadas, convertidas en  cinco masas enormes de hielo.

Caribay da un grito de espanto y huye despavorida. Las águilas blancas eran un misterio, pero no un misterio pavoroso. La luna oscurece de pronto, golpea el huracán con siniestro ruido los desnudos peñascos, y las águilas blancas se despiertan.

Erizanse furiosas, y a medida que sacuden sus monstruosas alas el suelo se cubre de copos de nieve y la montaña toda se engalana con el plumaje blanco.

Este es el origen fabuloso de las Sierras Nevadas de Mérida.

Las cinco águilas blancas de las tradición indígena son los cinco elevados riscos siempre cubiertos de nieve.

Las grandes y tempestuosas nevadas son el furiosas despertar de las águilas; y el silbido del viento en esos días de páramo, es el remedo del canto triste y monótono de Caribay, y el mito hermoso de los Andes de Venezuela.

La Leyenda del cacique Murachi y la India Tibisay


Murachí era ágil y valeroso, mas que todos los indios de la tribu; su brazo era el más fuerte, su flecha la más certera y su plumaje el más vistoso. Cuando les tocaba el caracol en lo alto del cerro, sus compañeros empuñaban las armas y le seguían, dando gritos salvajes seguros de la victoria.

Murachí era el primer caudillo de las Sierras Nevadas. Tibisay, su amada, era esbelta como la flexible caña del maíz. De color trigueño, ojos grandes y melancólicos y abundante cabello. Eran para ella los mejores lienzos del Mirripuy, el oro más fino de Aricagua y el plumaje del ave más rara de la montaña.

Ella había aprendido, mejor que sus compañeras los cantos guerreros y las alabanzas del Ches. En los convites y danzas dejaba oír su voz, hora dulce y cadenciosa, hora arrebatada y vehemente, exaltada por la pasión salvaje.

Todos la oían en silencio, ni el viento movía las hojas. Tibisay era la princesa de los indios de la sierra, el liro más hermoso de las vegas del Mucujún. Un día salió espantada de su choza y fue a presentase a Murachí, el amado de su corazón. La comarca estaba en armas: los indios corrían de una parte a otra, preparando las macanas y las flechas emponzoñadas.

"¡Huye, huye, Tibisay!, nosotros vamos a combatir. Los terribles hijos de Zuhe han aparecido ya sobre aquellos animales espantosos, más ligeros que la flecha: mañana será invadido nuestros suelo y arrasadas nuestras siembras. ¡Huye, huye, Tibisay! nosotros vamos a combatir; pero antes ven mi amada y danza al son de los instrumentos, reanima nuestro valor con la melodía de tus cantos y el recuerdo de nuestras hazañas".

La danza empezó en un claro bosque, triste y monótona, como una fiesta de despedida, a la hora en que el sol, enrojecido hacia el ocaso, esparcía por las verdes cumbres sus últimos reflejos. Pronto brillaron las hogueras en el circulo del campamento y empezaron a despertar con las libaciones del fermentado maíz los corazones abatidos y los ímpetus salvajes.

Por todo el bosque resonaban ya los gritos y algazara, cuando seso de pronto el ruido y enmudecieron todos los labios. Tibisay apareció en medio del circulo, hermosa a la luz fantástica de las hogueras, recogida la manta sobre le brazo, con la mirada dulce y expresivo y el continente altivo. Lanzó tres gritos graves y prolongados, que acompaño con su sonido el fotuto sagrado, y luego extasió a los indios con la magia de su voz.

Oíd el canto de los guerreros del Mucujún: "Corre veloz el viento; corre veloz el agua; corre veloz la piedra que cae de la montaña".

"Corred guerreros; volad en contra del enemigo; corred veloces como el viento, como el agua, como la piedra que cae de la montaña".

"Fuerte es el árbol que resiste al viento; fuerte es la roca que resiste al río, fuerte es la nieve de nuestros páramos que resiste al sol".

"Pelead guerreros, pelead, valientes, mostraos fuertes, como los árboles, como las rocas, como las nieves de la montaña".

"Este es el canto de los guerreros del Mucujún".

Un grito unánime de bélico entusiasmo respondió a los bellos cantos de Tibisay. Concluida la danza, Murachí acompañó a Tibisay por entre la arboleda sombría. No había ya más luminarias que las estrellas titilantes en el cielo y las irradiaciones intermitentes del lejano catatumbo. Ambos caminaban en silencio con el dolor de la despedida en la mitad del alba y temeroso de pronunciar la postrera palabra ¡adiós!.

Hay un punto en que los ríos Milla y Albarregas corren muy juntos casi en su origen. Los cerros ofrecen allí dos aberturas, a corta distancia una de otra, por donde los dos ríos se precipitan, siguiendo cañadas distintas para juntarse de nuevo y confundirse en uno solo, frente a los pintorescos campos de Liria, besando ya las plantas de la ciudad florecida, la histórica Mérida. En aquel punto solitario encubierto por los estribos de la serranía que casi lo rodean en anfiteatro, Murachí tenía su choza y su labranza.

"¡Tibisay!", dijo a su amada el guerrero altivo, "nuestras bodas serán mi premio si vuelvo triunfante; pero si me matan, huye Tibisay, ocúltate en el monte, que no fije en ti sus miradas el extranjero, porque serias su esclava".

El viento frío de la madrugada llevo muy lejos a los oídos de Murachí los tristes lamentos de la infortunada india, a quien dejaba en aquel apartado sitio, dueña ya de su choza y su labranza. Cuando la primera luz del alba coloreo el horizonte, por encima de los diamantinos picachos de la Sierra Nevada resonó grave y monótono el caracol salvaje por el fondo de los barrancos que sirven de foso profundos a la altiplanicie de Mérida. Los indios, organizados en escuadrones, estaban apercibidos para el combate.

Pronto se diviso a lo lejos un bulto uniforme que avanzaba por la planicie, el cual fue entendiéndose y tomando formas tan extraordinarias a los ojos de los indios que el pánico paralizó sus movimientos por algunos instantes, pero a la voz del caudillo, la turba se precipita como desbordado torrente prorrumpiendo en gritos horribles y llenando el aire con sus emponzoñadas flechas. Murachí iba a la cabeza, blandiendo en alto la terrible macana y transfigurando el rostro por el furor.

Súbita detonación detiene a los indios: palidecen todos llenos de espanto; se estrechan unos contra otros, dando alaridos de impotencia; y bien pronto se dispersan, buscando salvación en los bordes de los barrancos, por donde desaparecen en tropel.

Sólo Murachí rompe su macana en la armadura del que fuera conquistador, sólo el bravo Murachí ve de cerca aquellos animales espantosos que ayudaban a sus enemigos en la batalla, pero también sólo él ha quedado tendido en el campo, muerto bajo el casco de los caballos.

El clarin castellano tocó victoria y la tierra toda quedo bajo el dominio del Rey de España. Cerca de las márgenes del apacible Milla, en aquel sitio apartado y triste, abrióse un hoyo al pie de la peña para sepultar a Murachí, con sus armas, sus alhajas y las ramas olorosas que Tibisay cortó en el bosque para la tumba de su amada.

Tibisay vivió desde entonces sola con su dolor y sus recuerdos en aquella choza querida. Sus cantos fueron en adelante tristes como los de la alondra herida. Los indios admiraban con cierto sentimiento de religioso cariño y la colmaban de presentes. Era para ellos un símbolo de su antigua libertad y al mismo tiempo un oráculo que consultaban sigilosos. Ya los españoles señoreaban la tierra y gobernaban a los indios. Sólo Tibisay vivía libre en la gargabta de aquellos montes o entre las selvas de sus contornos, pero era un misterio su vida, algo como un mito de los aborígenes, que atraía a los españoles con el fantástico poder de las ficciones poeticas.

Ningún conquistador había logrado verla todavía, sin embrago, nadie ponía en duda su existencia. Decíanles los indios que era una princesa muy hermosa, viuda de un guerrero afamado, a quien había prometido vivir escondida en los montes mientras hubiese extranjeros en sus nativas Sierras.

Era un encanto la voz de la fugitiva, que los cazadores oían de vez en cuando por aquellos agrestes sitios, como el eco de una música triste que hería en la mitad del alma y hacia saltar las lagrimas. En sus labios el dialecto muisca, su legua nativa, sonaba dulce y melodioso y no era menester entenderlo para sentirse conmovido el corazón.